Una mala costumbre de las buenas.
Hay malas costumbres que no queremos perder.
Quedarse un rato más después de comer. Pedir otra botella de vino aunque ya sea tarde. Juntarse sin demasiadas excusas. Alargar la sobremesa hasta que alguien diga “bueno, ahora sí, nos vamos” y nadie se mueva.
En Mala Costumbre creemos que de eso se trata un buen bar: de hacer lugar para que las cosas pasen.
Para el vino bien servido, para la comida que invita a compartir, para las charlas que empiezan hablando de cualquier cosa y terminan hablando de todo. Para el amigo que cae de sorpresa, para el que llega “un ratito” y se queda hasta el cierre.
Porque algunas costumbres tienen mala fama.
Tomar una copa de más. Pedir algo para compartir y terminar pidiendo otra cosa. Quedarse en la mesa cuando ya levantaron todo. Brindar porque sí. Volver al mismo lugar, con la misma gente, a repetir una noche que ya sabemos que va a estar buena.
Y nosotros decimos: qué suerte tener esas malas costumbres.
Queremos recuperar el espíritu del bar de toda la vida: ese lugar donde siempre hay una mesa, una copa servida y alguien conocido del otro lado de la barra.
Un lugar para comer rico, tomar buen vino y, sobre todo, quedarse.
Porque al final, las mejores historias casi siempre empiezan con una mala costumbre:
“¿Nos tomamos una última?”



UN BAR COMO LOS DE ANTES, PARA LOS DE AHORA.

AQUÍ EMPIEZAN LAS MALAS COSTUMBRES.
Y algunas amistades que duran para siempre.







